16 de Mayo de 2012
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Enric Sopena
Cabos Sueltos
“A la calle que ya es hora de pasearnos a cuerpo…”
A lo largo de este año, y empezando este mes de enero, se desarrollarán los juicios contra el juez Garzón, acusado por el Tribunal Supremo de tres vulneraciones graves de la legalidad vigente. Uno apunta hacia un delito de cobros supuestamente ilegales, que se habría embolsado Garzón en Nueva York. O sea, de lo que se trata es de proyectar ante la opinión pública a Garzón como si fuera un Urdangarin o cualquier otro 'chorizo' de alto copete.

El otro consiste en considerar delito la investigación de los crímenes de la dictadura franquista. Se trata de una investigación impulsada por el juez que intentó detener al general Pinochet, al que apoyaba, entre otros, el Papa Juan Pablo II y que, de prosperar, permitiría conocer cuántas y cuáles fueron las víctimas de un tirano autodenominado Caudillo, aliado de Benito Mussolini y Adolfo Hitler.

A la búsqueda de otro Naseiro
Y el  tercer juicio, que empieza el próximo martes, se sustenta en las escuchas telefónicas, autorizadas por Garzón, entre presuntos ladrones de guante blanco y de gaviota a la vista, vinculados a la llamada trama Gürtel. Esas escuchas fueron denunciadas por los abogados defensores basándose, por cierto, en la doctrina Naseiro, cuando el Supremo, hace muchos años, absolvió -por cuestiones de forma pero no de fondo-a una serie de dirigentes y militantes del PP que iban cantando vía telefónica sus hazañas de aves de rapìña, dedicadas a robar a mansalva.

La guinda del pastel popular
La plataforma “Solidarios con Garzón”, integrada por destacados intelectuales y artistas, se está movilizando de nuevo para protestar contra una peligrosa conspiración de la derecha extrema. Los conservadores embravecidos quieren quitarse de encima a un juez progresista -más allá de algunos episodios lejanos y polémicos-, reconocido y admirado en todo el mundo democrático. Esta conspiración intenta por todos los medios anunciarle a Mariano Rajoy y a su corte de reaccionarios, más o menos emboscados, que la era Garzón  está a punto de llegar a su fin. Después de sus diversas y numerosas mayorías absolutas, la guinda del pastel popular sería el vídeo de Garzón condenado por el Supremo y entrando en la cárcel.

Una izquierda potente
Pero la plataforma aludida, a la que hemos respaldado con frecuencia desde ELPLURAL.COM, tendría que multiplicarse al máximo. La izquierda política y los sindicatos de clase, en sus diversas dimensiones y siglas, deberían unificarse para organizar, al menos, manifestaciones y concentraciones multitudinarias, porque lo que está pasando aquí resulta cada día más inquietante respecto a la democracia española en su conjunto. Con una izquierda más potente y más coherente no les hubiera sido tan fácil a los ultramontanos apoderarse en parte de la Justicia con mayúscula. No  olvidemos a Celaya: “A la calle que ya es hora de pasearnos a cuerpo y mostrar que, pues, vivimos anunciamos algo nuevo”.

Enric Sopena es director de ELPLURAL.COM

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