22 de Febrero de 2012
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Ion Antolín Llorente
Cuestión de orden
Acosados en Twitter
Desde que Internet es Internet siempre han existido aquellos que, amparados en el anonimato, se dedican a amenazar, denigrar y molestar a terceros. Es una práctica deleznable, que saca a la luz lo peor de cada uno y las fisuras que todavía tiene nuestra sociedad en algunos lugares de sombras, donde habitan personajes frustrados que disfrutan con extrañas prácticas. Desde la soledad de una habitación sin vistas, tratan de amedrentar a periodistas o presentadoras de televisión, pero también a personas anónimas cuyo único delito probablemente haya sido caer mal a un sujeto que precisa de ayuda con urgencia. O de que le metan un paquete como la copa de un pino. Desde los comentarios abiertos en miles de blogs sin moderar, campo abonado para el insulto, hasta el correo electrónico para llegar a Twitter, el acosador encuentra el hueco para dar rienda suelta a su tara.

Los casos más conocidos recientemente han sido los de la presentadora Eva Hache y el periodista deportivo Juanma Castaño. Ambos han sufrido, a través de la red social de micromensajes, amenazas de muerte en reiteradas ocasiones. En el caso de Castaño, los presuntos autores son cuatro amigos de Madrid que no encontraron mejor ocupación para pasar el rato. Deberían ser objeto de estudio. No sé, algo así como donar sus cuerpos a la ciencia para poder investigar con criterio como puede llegar el ser humano a semejantes cotas de estupidez. No debe ser sencillo, y sería interesante conocer los mecanismos que se unen en la mente para dar lugar a estos especímenes.

Policía y Guardia Civil no son ajenos, desde hace años, a los delitos que se cometen en la Red. Además de su presencia con perfiles propios para atender a todo el que lo necesite, el rastro que dejan los acosadores sirve para llegar hasta ellos y acusarlos en firme. Es precisamente la sensación de impunidad que da el anonimato lo que lleva, por un lado, al inicio del acoso y, por otro, a que un día llame a tu puerta un señor con uniforme para llevarte delante del juez. Así debe ser, porque no podemos permitir que un privilegio tan grande como Internet acabe poblado de gentuza. En Palencia, otro juez ha pedido a Google los datos de los correos electrónicos desde los que salieron mensajes que aseguraban que el anterior alcalde de la ciudad, Heliodoro Gallego, tenía una enfermedad degenerativa. Se hizo antes y durante la campaña de las elecciones municipales. La curiosidad y el morbo hicieron que corrieran como una bola de nieve por la Red de una ciudad pequeña, obligando al propio candidato a ofrecer una rueda de prensa para desmentir que padeciese la enfermedad, y para poner en manos de la justicia lo ocurrido. Ese es el camino. Denuncia y justicia. Los miles de personas que cada día se suman a una web más abierta y participativa no merecen que les dé la bienvenida un troll cualquiera con demasiado tiempo libre.

Ion Antolín Llorente es periodista y blogger
En Twitter @ionantolin

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