22 de Febrero de 2012
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Ion Antolín
Cuestión de orden
Yo Robot, periodista
Se habla de ello con cierta normalidad, como si de la evolución natural de las cosas se tratase. Evidentemente no en los círculos periodísticos, que son los directamente afectados. Llevo unos días escuchando eso de que ya hay programas informáticos capaces de escribir artículos como si de un periodista se tratase. O casi. De momento no le estoy haciendo mucho caso al asunto, porque me produce unas sensaciones tan extrañas que no deseo explorar esos lugares de mi interior, al menos de momento. Igual que al otro, que escuchaba a Wagner y le daban ganas de invadir Polonia, a mí me entran unos sudores fríos que ni la fiebre amarilla. Si hay un estadio más allá de la indignación al cubo, en esos mundos me muevo cuando me llegan los ecos de los robots periodistas, o como copón quieran llamarlos.

En mi modesta opinión el problema no lo tiene quien pretende crear un programa que redacte o imite la labor de un periodista. Aficiones hay en el mundo como doctores tiene la iglesia: para todo. Hasta para la caza del gamusino. Serio, pero muy gordo, es el problema de aquél que llegue a creerse que una máquina puede hacer el trabajo del plumilla. Es como si un servidor, a estas alturas de la vida, tuviese la vana esperanza de volver a probar algún día la ensaladilla rusa que hacía mi abuela. Me puedo llenar la cabeza de algoritmos, ecuaciones y números, para desarrollar una teoría en la que demuestre con certeza científica que es posible, pero, en realidad, lo que hago es perder el tiempo para no llegar a la conclusión de que me engaño a mí mismo. Que por otra parte es la mentira más absurda que hay.

Podrían dedicarse a publicar libros sobre la cuestión, como Asimov, y seguro que la rentabilidad sería mayor. Ya puestos, pueden ordenarle a sus programas que les escriban los libros, a ver si la ciencia ficción parida por la maquina le llega a la suela de los zapatos a la que sacaba el genio Isaac de su puño y letra. Este asunto, que jamás me tomaré en serio, me parece una broma de mal gusto. Un cachondeo. Letra para una chirigota del carnaval de Cádiz que, por cierto, a ver qué ordenador tiene la potencia de escribir versos con más sorna y gracia que las comparsas.

No está la profesión para muchas bromas, cuando cada día nos llegan noticias de más compañeros que se quedan sin empleo por culpa de una crisis que no perdona a nadie. Menos coñas, por favor.  Tendremos que prepararnos para ese futuro periodístico, en el que las tertulias radiofónicas se compongan de voces metálicas y monocordes, cuyo análisis de la realidad venga determinado por un análisis matemático de las probabilidades de una u otra opción. Listos para un informativo presentado por un fulano virtual que parezca salido del Call of Duty, pero con corbata. Y mientras, en casa, la mayoría se preguntará porque en vez de comprar el periódico no invierte los euros en aprender arameo, que para el caso será lo mismo.

Por cierto, 011011000110010100100000011100000111010101100101011001000110010101101110001000000110100101110010001000000110010001100001011011100110010001101111001000000110000101101100001000000111001001101111011000100110111101110100001000000111000001100101011100100110100101101111011001000110100101110011011101000110000100101100001000000111100100100000011000010010000001110011011101010111001100100000011001010111011001101111011011000111010101100011011010010110111101101110011001010111001100101110. No es un error. Está en binario, para que la máquina periodista que vea esto dentro de unos años lo entienda sin esfuerzo. Con mis mejores deseos.

Ion Antolín Llorente es periodista y blogger
En Twitter @ionantolin

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